ORIGEN DE LA VIDA
Para explicar el origen de la vida existen dos grandes corrientes de pensamiento, la generación espontánea, idea que perduró hasta finales del siglo XIX, cuando L. Pasteur la rebatió, y, modernamente, la teoría del origen químico de la vida y la teoría del origen extraterrestre.
La generación espontánea
Los primeros que se ocuparon de este tema
fueron los pensadores de la antigua Grecia,
entre los que destaca Aristóteles,
que sostenía la idea de la GENERACIÓN
ESPONTÁNEA, según la cual
los seres vivos provenían directamente
del barro, del estiércol y de otras
materias inertes sin sufrir ningún
tipo de proceso previo, simplemente aparecían.
Aunque esta idea pueda parecer muy infantil
se mantuvo durante muchos siglos hasta el
final de la Edad Media, época en
la que se alternaba la creencia en la generación
espontánea con la idea del origen
divino de la vida, llegándose incluso
a tachar de herejes a aquellos que intentaban
estudiar la cuestión.
Fue a finales del s. XVII cuando
comenzó a cuestionarse la idea de
la generación espontánea,
especialmente a partir de los trabajos de
Francesco Redi (1626-1698), que ideó
un experimento sencillo y concluyente que
consistió en meter trozos de carne
en frascos cerrados, y otros en frascos
abiertos, viendo que la carne de los frascos
cerrados no desarrollaba gusanos (ver
dibujo).
Con este experimento Redi demostró que los gusanos no aparecían por generación espontánea, y que su presencia estaba relacionada con la posibilidad que tenían las moscas de llegar a la carne y los pescados.
La fabricación del primer microscopio por Anton van Leeuwenhoek (1632-1723) permitió descubrir los "animáculos" o seres microscópicos, que fueron al final los que ayudaron a rechazar la idea de la generación espontánea, gracias a los experimentos de Louis Pasteur (1822-1895), quien, demostró, por un lado, que los microorganismos se encontraban por todas partes y provocaban la descomposición de los alimentos y muchas enfermedades humanas, y por otro lado demostró que la generación espontánea no existía; para ello realizó el siguiente experimento:
A modo de curiosidad se conservan en el Instituto Pasteur de Paris algunos de los frascos que utilizó en su experimento, que todavía permanecen inalterados más de 100 años después.
| Experimento de Francisco Redi |